Mi tercer día como peatona, día de la independencia!

Después de una noche de sueño reparador, desperté plena de energía y dispuesta a enfrentar mi tercer día como peatona. Tenía que ir al centro a comprar mi equipo de natación y decidí que encontraría mejor precio allí que en un shoping. Me dirigí a la parada que está(ba) frente a Humana, pero veo que no está más. Le pregunté al policía que estaba junto al quiosco de revistas charlando animadamente con un amigo, si la parada se había trasladado de lugar. Con sorma me respondió: “hace dos años que la parada está en la cuadra que sigue”. Con una sonrisa me disculpé por mi ignoráncia, y le dije que sólo han pasado tres días desde que me robaron el auto, como justificativo. En ese momento desvió su mirada y plegó sus labios con fuerza….

Caminé la cuadra, vi la parada de techo vidriado y me senté a esperar. Aprovechando el momento le pedí a una señora que me tomara la fotografía que ilustra este comentario. Para que no pensara que estaba chapita le expliqué los motivos por el que me tomaba la foto, lo que desencadenó en la mujer una irrefrenable catarata verbal referida a episodios de inseguridad que había padecido (y padece en su barrio, Iponá). Después de oírla me dije: Susy: estás en la gloria.

Llegó el colectivo 11, validé mi trayecto con más pericia que ayer y no estuve parada ni 30 segundos que una chica, viendo mi senil aspecto, me ofreció su asiento, algo que agradecí inmensamente. Saqué los lentes de cerca y me dispuse a leer “La conjura de los necios” que en realidad es como la 4° vez que leo, pero tiene tanta tela para cortar que siempre encuentro algo nuevo, además de divertirme muchísimo. Tras media hora exacta me bajé en Gral Paz casi Colón.

Fui a Chitas y me compré malla, gorra y antiparras a sólo $887,00 con el plan Ahora 12 ¡gracias al gobierno de Cristina Fernández puedo hacerlo! Es una mujer de tan preclara inteligencia que, conociendo los efectos no deseados de sus políticas sociales, ha dispuesto una manera efectiva y ágil de poder acceder a lo perdido. Chapeau!

Luego almorcé con Cuqui, Andrés y Franco. Qué alegría! Uds. pensarán: ¿y porqué no hacías esto antes? ¡¡¡¡Por culpa del auto!!!! Me enfermaba el hecho de tener que luchar con el tránsito para llegar al centro; en cambio ahora, gracias a esos caballeros que me lo sustrajeron, que en realidad me liberaron, he descubierto las bondades del transporte público de pasajeros. Quisiera encontralos para agradecerles en persona, como se merecen.

Cuando se hizo la hora de volver fui a la misma parada que ayer, pero cometí un error: tomé el 14 que me dejó en Av. La Cordillera casi Martel. No es porque haya que caminar 7 cuadras, sino porque realmente caminar en el sentido del tránsito no es recomendable para nadie y menos para alguien recientemente asaltado. Me explico: yo me hago la superada, pero noté que un pequeño tic ha aparecido: el de girarme hacia atrás a ver si alguien me sigue. Si bien es muy positivo para mis vértebras cervicales el giro hacia izquierda y derecha, me sentía un poco como Linda Blair en el exorcista. Pero todo tiene solución: me compraré un espejo retrovisor al que insertaré en un palito selfie y lo sostendré en alto para una mejor visión de la retaguardia. También un periscopio sería una gran alternativa.

Ahora a la tarde tengo el cumple de Laura y Gaby y María Elena es tan buena onda que dará una vuelta olímpica por el Château para buscarme, esas son amigas!

Un abrazo a todos

Mi tercer día como peatona, día de la independencia!

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